INTRODUCCIÓN
Es fundamental para el inicio
de una investigación comenzar por establecer cual será el objeto
de estudio. Es decir, definir qué entendemos por Karate y
por Goju-Ryu.
Consideraremos al Karate como un sistema plenamente formado de lucha sin armas, creado en Okinawa
a principios del siglo XX. De esta forma cualquier sistema de lucha
que se relacione con el Karate y que esté fuera de este contexto
lo consideraremos como un antecedente, como una influencia o como una evolución
del mismo. Así hablaremos, por ejemplo, de los sistemas chinos de lucha
sin armas y de las formas autóctonas okinawenses, como antecedentes;
de las Artes Marciales Japonesas como influencia; y del Karate japonés,
moderno o deportivo como evolución o derivados del Karate tal y como lo hemos definido.
Consideramos Goju-Ryu al sistema o escuela de Karate, desarrollado por el maestro
Chojun Miyagui. Es claro que entre los antecedentes directos habrá
que citar al maestro Kanryo Higaonna, al Naha-Te y a ciertos estilos chinos
de combate sin armas de la provincia de Fukien. En el reducido espacio geográfico
de la isla de Okinawa otros maestros y líneas dentro del Karate ejercieron,
sin duda, una mayor o menor influencia. También es evidente que habrá
que considerar como evoluciones directas del sistema del maestro Miyagui,
a todas las ramificaciones posteriores del Goju-Ryu, con las aportaciones
e interpretaciones de sus respectivos maestros.
La historia del Karate do, como cualquier otra, no puede disociarse del acontecer histórico
general. En un escenario geográfico concreto los actores, hijos de
su tiempo y sus circunstancias, van desarrollando, la mayoría de las
veces sin saberlo, lo que hoy mirando hacia atrás en el tiempo llamamos
Historia.
En los capítulos introductorios
de las obras dedicadas al Karate, encontramos invariablemente un
pequeño "cuento" sobre el origen de este arte. Desmembrado
y aislado del resto de la Historia solo se exponen aquellos hechos directamente
relacionados con este origen. Así nos puede quedar más o menos
claro el cómo y el cuándo, pero nunca el porqué. Algunos
trazan una línea simple y directa desde China. Otros, más osados,
desde la antigua India, el Tibet e incluso Egipto. Siguiendo este método
podríamos retrotraer el origen del Karate al primer homínido
que desarrolló, hace millones de años, alguna habilidad especial
en el "combate" contra otras especies mejor dotadas físicamente.
La Historia del Karate y sus antecedentes directos es muy difusa. Varias son las circunstancias que
han contribuido a ello. Entre las principales están las siguientes:
• Al menos en sus comienzos
no ha habido cronistas que lo hayan documentado por escrito. Los practicantes
de Okinawa y la costa de Fukien, generalmente pescadores y agricultores analfabetos,
no contaron ni siquiera con esa posibilidad. Por otro lado los documentos
que sobre sistemas de lucha antecesores del Karate, en su mayoría chinos,
que podrían reconstruir esta historia, fueron escritos en un estilo
hermético lleno de simbolismos, totalmente inútil para el no
iniciado en los códigos utilizados, debido al secretismo que los envolvía
y a que en estos documentos se reflejaban, entre otras cosas, las "técnicas
secretas" de cada escuela, estilo o maestro.
• La Segunda Guerra Mundial,
especialmente cruenta en la isla de Okinawa, supuso también la pérdida
tanto de documentos, como de maestros, provocando esta última la interrupción
de transmisiones orales.
• La forma tradicional de
enseñanza era de grupos muy reducidos, que buscaban una mayor clandestinidad
a medida que retrocedemos en el tiempo. Hoy en día conocemos a muchos
maestros del siglo XIX y comienzos del XX gracias a que salieron de la clandestinidad
y fueron famosos por tal o cual gesta, o simplemente por que son recordades
por maestros actuales que hoy gozan de gran renombre.
• La reticencia a la enseñanza
profunda, al menos en los orígenes, por parte de los okinawenses, hacia
los japoneses, americanos (ocupación) y extranjeros en general.
• A Occidente solo nos llegan
historietas, leyendas y recuerdos. El método científico de investigación
es nulo, salvo excepciones. Las fuentes nunca son citadas (y cuando se citan
son de una enciclopedia japonesa), y cada cual arrima el ascua a su patata.
• Nos aleja una cultura
diferente, y unos idiomas sin relación alguna con el nuestro, ni en
sus raíces fonéticas, ni en su forma de representación
escrita, ni en su estilo. Por no hablar de que en esta investigación
están implicados el chino, el okinawense y el japonés, además
de algunos dialectos y formas antiguas. Por lo que el acceso directo de un
occidental a las fuentes originales es complicado.
Por fortuna, vamos contando con
cada vez más investigadores serios, como Patrick McCarthy o Mark Bishop,
en incluso maestros como el caso de Shoshin Nagamine o Morio Higaonna que
han ahondado en la historia y han recuperado y difundido datos que de otra
forma se hubiesen perdido.
El nacimiento y posterior desarrollo
del Karate hay que situarlos en unas épocas y lugares concretos
como fruto de unas circunstancias históricas que en ellos confluyen
y que a partir de ahora intentaremos aquí relata.
Antonio Ávila Sánchez
Presidente de la AMGK
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